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jueves, 10 de enero de 2008

EL CEIBO - FLOR NACIONAL ARGENTINA








Pertenece a las familias de las leguminosas. Su nombre científico es Erythrina Cristagalli. Árbol bellísimo cuando está en floración, provisto de aguijones. Puede alcanzar los 20 metros de altura y uno de diámetro en el tronco.




El Tronco


El tallo es simple, leñosos; es un árbol cuyo tronco se ramifica a varios metros del suelo. Hay algunos que se ramifican desde la base, en este caso tienen el aspecto de arbustos.

La copa del árbol no es muy tupida. Durante el invierno la planta queda sin hojas y las ramas que nacen en primavera son verdes con hojas y flores.

La corteza del tronco y ramas viejas toman la tonalidad gris oscura. Esa corteza no es dura sino esponjosa y cubierta con abundante corcho. El tronco produce una madera muy blanda, y liviana de poca resistencia y color amarillenta.



La Hoja


Puede llegar a medir 30 cm. Su pecíolo es largo y su lámina está dividida en tres folíolos. Es una hoja compuesta.




La Flor


Florece en distintas épocas según la región, a comienzos de octubre, se ven ceibos florecidos en las provincias norteñas. Nacen agrupadas en las ramas verdes, es decir, las formadas en la temporada.

Nacen de a una en una, dos o tres en las axilas de las hojas y están unidas a las ramas por un pedúnculo floral.

Cuando varias flores nacen juntas, al conjunto se lo denomina inflorescencia. En el ceibo, las inflorescencias son de 2 o 3 flores, estos grupos suelen reunirse en los extremos de las ramas jóvenes formando "racimos" que llaman la atención por su color rojo carmín. Estos racimos se asemejan a la cresta de un gallo, razón por la cual el naturalista Carlos Linneo le dio el nombre de Erythrina crista-galli (Ery -tro = rojo, crista galli = cresta de gallo). El pimpollo está cubierto por pétalos sedosos.




El Fruto


Es una vaina larga y encorvada, seca, chata que tiene entre 10 y 20 cm. de largo aproximadamente y de 2 a 3,5 cm. de ancho donde se alojan 2 a 6 semillas. Estas son de forma arriñonada de color castaño oscuro.









La flor de ceibo, fue declarada flor nacional argentina por Decreto del Poder Ejecutivo de la Nación Nº 138474/42 (23 de diciembre de 1942).


La flor del Seibo o Ceibo ("Erythrina crista-galli") ha sido declarada flor nacional. En acuerdo de ministros, el Poder Ejecutivo ha dictado un decreto declarando a la flor del seibo, flor nacional. La resolución del Gobierno aprueba de tal manera lo actuado por la comisión especial designada al efecto, la que en un intenso e interesante informe, que en su oportunidad se diera a conocer, aconsejó la adopción en forma oficial de la flor mencionada.




¿Cómo es aprovechado el ceibo por el hombre?


La mayor utilidad que presta es la de ser una planta ornamental por sus hermosas flores que lucen en los lugares principales de las grandes ciudades. En general no es explotado pero tiene algunas aplicaciones.

La corteza se usa en algunas provincias para curtir cueros y la madera. Como es sumamente liviana suele reemplazar al corcho en algunas manufacturas. Se usa también para fabricar colmenas y armazones de montura.

Los indios fabricaban balsas y, en algunos lugares, ruedas de carrito para transportar leña.

La corteza tiene aplicaciones medicinales porque posee algunos alcaloides. De todos modos se aconseja manejarse con prudencia en las aplicaciones con fines curativos y consultar previamente a un médico.



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La Leyenda de la Flor del Ceibo





S
egún cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes.

Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo feraz, silvestre, que bañaban las aguas oscuras del río barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba. Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, tanta era la belleza de su canto.

Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo.

Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río.

Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil. La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.

La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada.

Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado.

Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores, rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.

Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe.


Texto extraído de http://www.imperiorural.com.ar/imperio/estructura/imperiomujer/ceibo.htm


jueves, 15 de noviembre de 2007

El CARDO


Muchas veces dejamos de admirar la belleza de las flores silvestres y hasta nos referimnos despectivamente a ellas cuando alguien nos llama la atención sobre la dedicación con la que la madre naturaleza las trata, diciendo :"¡Bah, es un yuyo!!"
Creo que como a las personas, la naturaleza dota de mayor belleza, a las más humildes y sencillas.










Una LEYENDA...
Leyenda del Cardo:
Se cuenta que en el siglo X, durante el reinado de Malcom I de Escocia, los normandos se acercaron a los combatientes escoceses, aprovechando la oscuridad de la noche para sorprenderlos y obtener una fácil victoria. Sin embargo, uno de los intrusos pisó un cardo y, al no poder soportar el dolor que sintió, gritó con todas sus fuerzas provocando que los escoceses despertaran y empuñaran sus armas contra los atacantes, a los que vencieron. Desde entonces, el cardo es el emblema nacional de Escocia aunque, ya desde el siglo VIII existía, entre los escoceses, la Orden del Cardo, cuyo lema era: "Nadie me provoca sin ser castigado".





Un Poco de HISTORIA:

La Orden del Cardo

En Escocia, La Orden del Cardo representa el más alto honor y es la segunda en importancia después de la Orden de Garter.

La fecha exacta de la fundación de la orden, no se conoce, pero según la leyenda, data del año 809 cuando el rey Achaius formó una alianza con Carlomagno.
También es posible que James III haya fundado la orden, ya que fue el responsable de los cambios en el simbolismo real en Escocia, incluyendo la adopción del cardo como la insignia real de los Stuarts.

A pesar de que alguna clase de orden escocesa de caballería existía en los siglos XV y XVI o aún antes, fue James II quien estableció la orden bajo las nuevas normas del 29 de mayo de 1687 para recompensar a los pares escoceses que apoyaban los objetivos políticos y religiosos del rey. La toga de aquella época aún existe y tiene más de 250 motivos de cardo y ramitos de ruda conocidos como “La Hierba de la Gracia” el antiguo símbolo de los Pictos. Las leyes estipulaban que la orden estaba formada por el soberano y 12 caballeros en alusión a Jesús y sus 12 apóstoles.

Después de la abdicación de James II en 1688, la orden quedó en desuso hasta que fue restablecida por la Reina Anne en 1703. El número de caballeros se mantuvo en 12.
Pese a las rebeliones de 1715 y 1745, el viejo y el joven pretendiente (El Príncipe James y el príncipe Charles o Bonnie Prince Charlie) fueron nombrados caballeros de la Orden del Cardo durante el exilio. Los primeros reyes de la casa Hannover también utilizaron la orden para reconocer a los nobles escoceses que apoyaron la causa Hannover y la protestante.

El interés en la orden resurgió cuando George IV lució el cardo durante su visita a Escocia en 1822. En 1987 se les permitió a las damas formar parte de la orden.
El santo patrono de la orden es San Andrés (también es el santo patrono de Escocia), quien aparece en la insignia. La estrella de la orden que va en el pecho, establecida por George I en 1714, consiste en una bandera escocesa de plata con un rayo en punta entre ambos brazos de la cruz; en el centro hay un medallón de oro que posee una representación esmaltada del cardo y está rodeado por un borde verde en el cual figura el lema de la orden en oro. El lema es “Nemo me impune lacessit”. Nadie me daña impunemente.

La insignia se lleva sobre el pecho izquierdo.
La capilla para la orden iba a ser la Abadía de Holyroodhouse. No fue sino hasta 1911 que la orden tuvo una capilla contigua a la Catedral de St. Giles en Edimburgo, en la cual se llevan a cabo los oficios religiosos y las ceremonias.
Hoy la orden todavía existe, y la encabeza la Reina Elizabeth II.



Creative Commons License
Estas fotografías pertenecen a Claudia Pioli y están licenciadas bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina.